lunes, 17 de octubre de 2011

October.

Mirando por la ventana un 17 de Octubre, se agitan las ramas y hojas que aún pueblan los árboles frente a mi casa. Hace viento y está soleado.
Octubre no está resultando ese mes oscuro, algo neblinoso y en ocasiones impenetrable, ese mes en el que el peso de todo un año se asienta sobre tu espalda y te resulta más difícil aguantar en pie.
No está siendo un octubre lluvioso, sigue pareciendo verano, hace calor y no hay hojas marrones en el suelo que mojadas hacen peligrar tu equilibrio.
Y es que hay algo que me hace desconfiar de todo esto... algo que me hace recordar aquellos dichos de origen remoto, que tanto repetimos muchos de nosotros sin alcanzar a asumir que día a día, la verdad está delante de nuestras narices.

Hoy, tengo la certeza de que no me hace falta que llueva para echar a alguien de menos, no me hacen falta tormentas para querer estar en casa compartiendo el sofá y las galletas, ni tampoco me hace falta la niebla para preguntarme que hay detrás.

No me hace falta un día de sol para querer pasear en la playa, ni tampoco grandes lujos para sentirme afortunada.














...Una última cosa, feliz cumpleaños.

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